
Libertad y Esperanza es un ministerio que promueve la cosmovisión cristiana como fundamento de la libertad y faro de la esperanza. Mi nombre es Aaron, soy autor y editor del blog, y me gustaría compartir con usted un poco acerca de mi vida e historia, que explica en parte el trasfondo y enfoque particular del blog.
Desde mi conversión a fines del año 2012, estando aún en los años de mi adolescencia y con mucho tiempo a disposición, tuve la posibilidad de leer detenidamente las Escrituras y explorar respuestas a muchas dudas vinculadas al cristianismo. Agradezco a Dios por aquellos días donde pude conocer la Palabra de Dios y aprender el valor y lugar de la Biblia como autoridad suprema para el cristiano.
Esto me llevó, desde temprana edad, a estar involucrado en ministerios relacionados a la enseñanza, el evangelismo y la predicación. También pude hacer amistad con otros hermanos que compartían este mismo deseo e ímpetu. A pesar de haber nacido de nuevo en una iglesia pentecostal, tuve la posibilidad de también conocer otras tradiciones cristianas como la bautista renovada, bautista fundamentalista y bautista reformada, con los diversos matices y énfasis que existen en toda denominación o iglesia.
En el año 2019, arraigado en las doctrinas de la gracia, comencé a repensar algunos asuntos más allá del énfasis soteriológico del calvinismo americano (MacArthur, Piper, Mohler, Washer, etc.) que había comenzado a impactar la iglesia hispana. A menudo, estos representantes (junto a sus pares hispanos: Nuñez, Michelén, Barceló, entre otros), se han enfocado en el calvinismo en relación a la salvación y la dimensión personal del evangelio, pero han carecido (o no enfatizado lo suficiente, según mi parecer) de un enfoque más integral que incluya asuntos de la cultura y el reino de Dios.
A fines de aquel año, eran las elecciones presidenciales de Argentina. Fue entonces que decidí estudiar lo que las Escrituras tenían para decir respecto a la política a fin de predicar una breve serie de 2 sermones sobre "El Gobierno Civil Según las Escrituras", en el espacio para seminaristas que brindaba la iglesia donde en aquel momento congregaba. Así, pude comprender que Dios había establecido límites claros para el Estado que habían sido violados sistemáticamente en mi país hasta devenir en la grave crisis que enfrentábamos. Esto marcó mi primer contacto en profundidad con la Soberanía de Dios sobre toda la vida del hombre, más allá del decreto de Dios en la salvación de los pecadores.
En un año de grandes cambios, fue el momento elegido por el Señor para abrir mis ojos al reino de Dios, y la autoridad de las Escrituras para toda la vida y el pensamiento. Comencé a notar los puntos flojos y deficientes del cristianismo mayoritario: su irrelevancia cultural e impotencia histórica. Hace ya muchos años que la iglesia había dejado de ser una influencia notable y voz de autoridad en los asuntos del mundo, y con razón porque nos hemos limitado a expresar nuestras convicciones en el contexto de la iglesia local, y hemos carecido de un mensaje público que procure cómo mínimo dialogar y entablar contacto con la cultura circundante; si bien en muchos casos, requiere más bien impacto y transformación de la misma.
Ciertamente hay tiempos para estar más en retirada y otros para estar más a la ofensiva, pero lamentablemente, la iglesia ha hecho del derrotismo su dogma de fe y de la falta de respuestas relevantes un distintivo del cual estar orgullosos. Incluso la iglesia reformada ha limitado la autoridad de Dios a través de Su Palabra revelada, y por tanto, limitado la soberanía de Dios que tanto predica. Nuestro Dios ya no es relevante en la esfera pública, en asuntos de educación, gobernanza, mayordomía, mercado, arte y ciencias. Todo ha sido reducido a una esperanza futura del cielo y la liberación personal, con poco que ofrecer en relación a la cultura y la organización de las comunidades humanas.
En este contexto, era y aún es vital recuperar la bandera de la libertad y la esperanza de un futuro mejor. Y el cristianismo bíblico auténtico tiene mucho que ofrecer en relación a ello. Tenemos la sabiduría de nuestro Dios en Su Palabra y el poder de Su Espíritu para obrar en amor y que nuestras obras atestigüen nuestra fe y compromiso.
En mi pasar por algunas iglesias y en mi interacción con otros creyentes del mundo evangélico, pude notar que a pesar de las férreas peleas y debates interdenominacionales, parecía haber una constante en todas las iglesias (especialmente en sus representantes modernos), un aparente punto en común: la reducción del cristianismo.
Como ejemplo de estos debates y discusiones internas, fíjese el caso del bautismo. Simplificándolo bastante, están aquellos quienes bautizan niños hijos de creyentes y quienes solo bautizan adultos profesantes. Ahondando más, existen discusiones sobre detalles como el modo correcto de bautismo, los autorizados para bautizar, la fórmula bautismal, los requisitos para ser bautizado, la efectividad del bautismo en relación a la salvación y mucho más. Y esto sin entrar en otros temas de índole litúrgica y sacramental: qué es lícito hacer en una reunión, la duración y naturaleza del sermón, disputas de liderazgo y poder, el cántico de Salmos, himnos antiguos o música contemporánea y un largo etcétera.
No me malinterprete, debemos tener estas discusiones y debates pues son asuntos importantes. No obstante, el escenario central que ocupan sumado a las discusiones que no tenemos (por ejemplo, un sinfín de preguntas en relación al alcance e impacto del evangelio, el mundo y la cultura) es alarmante. Lo que se puede ver entre líneas, como he mencionado antes, es la reducción del cristianismo a lo que parece ser una religión meramente cúltica, en algunos casos mística, y en los extremos, mágica. Con esto, me refiero a que se entiende y define el alcance del evangelio y el cristianismo a un conjunto de prácticas cúlticas que a menudo tienen lugar los días de reunión (especialmente los domingos) y en los momentos de devoción privada. Su impacto y relevancia incluye ciertamente al individuo, se extiende también a la familia y la iglesia local, pero no presenta al cristianismo como cosmovisión y no ofrece respuestas a los problemas tangibles del mundo que nos rodea. Evidentemente, ese vacío lo terminan ocupando cosmovisiones paganas que usurpan la autoridad de la Palabra de Dios...
Por la gracia de Dios, tuve el privilegio y bendición de conocer autores y pensadores cristianos que, con sus defectos y virtudes, supieron denunciar el paganismo en el pensamiento y obrar cristiano, apelando a las Escrituras como fundamento de todas las cosas. Me refiero a Greg Bahnsen, R. J. Rushdoony, Cornelius Van Til, Gary North, Francis Schaeffer, entre otros. Estos autores no nacieron de un capullo sino que fueron fuertemente influenciados por los teólogos de Princeton (Charles Hodge, B. B. Warfield, J. Greshman Machen) y los referentes ortodoxos del neocalvinismo holandés (Abraham Kuyper, Herman Bavinck, Geerhardus Vos, Herman Dooyeweerd). El claro énfasis de estos referentes, aun con sus diferencias y diversos matices, era en el mensaje escritural del reino de Dios. Y ese mensaje comenzó a influenciarme poderosamente.
En contraste con estos autores, las voces que apelaban al "reino de Dios" y la necesidad del impacto del evangelio en la cultura a menudo eran liberales o carecían del fundamento sólido de la tradición teológica reformada. Por otro lado, los creyentes ortodoxos (incluyendo a la tradición reformada en su expresión mayoritaria) acordaban en reducir el mensaje del evangelio a una póliza de seguro contra el infierno y la misión de la iglesia a la plantación de "iglesias locales". Esta reducción del cristianismo tiene como protagonistas a los pastores, que lastimosamente (en error o ignorancia, más allá de sus intenciones) canalizan todos los esfuerzos de los creyentes fieles y comprometidos en la "iglesia local" y acaban así limitando los dones y ministerios a diversas variantes del don y ministerio pastoral, a menudo bajo el estricto control y vigilancia del liderazgo.
En medio de este cambio de paradigma, si estos problemas eran evidentes antes del año 2020, y la concentración del poder de los Estados no cesaba de crecer previo a la pandemia, todo fue mucho más claro con las restricciones de la cuarentena que azotaron al mundo.
En este contexto inesperado, las bases y prácticas de las iglesias fueron puestas a prueba. Ante las mismas, la virtualidad que antes era penada ahora era sinónimo de "congregarse" y aún cuando el abuso de la cuarentena comenzó a ser evidente, no solo muchos pastores rehusaron asumir el riesgo de reafirmar su compromiso con Dios y los hermanos antes que con los gobernantes sino que se ajustaron (muchas veces sin apertura a la crítica o reflexión) a todas las extensiones de la cuarentena por los próximos meses (especialmente en Argentina, donde padecimos la cuarentena más larga del mundo). Esto debilitó la fe de muchos creyentes, entre otras razones, debido a la imposibilidad de practicar el culto público presencial que había caracterizado a la iglesia por tantos años. ¿Cómo practicar un cristianismo sin culto, cuando el mismo es tan central en la iglesia moderna?
Afrontando los desafíos económicos que suponía la cuarentena y queriendo contribuir a la difusión del mensaje del reino de Dios y el cristianismo como cosmovisión, me puse en contacto con Gary North (uno de los pioneros del Reconstruccionismo en Estados Unidos) para ver si existía la posibilidad de dedicarme a tiempo completo como traductor de sus libros.
Rápidamente, Gary North respondió mi e-mail con un plan de acción detallado. Me autorizó a traducir y publicar todos sus libros en español, me animó a crear un sitio web y un canal de YouTube. De esta manera, el objetivo del ministerio sería traducir sus recursos al español, redactar guías de estudio para sus libros, publicarlas gratuitamente junto a los mismos en el sitio web y sumar explicaciones del contenido en formato video. Si lograba hacer todo esto con 2 de sus libros en un plazo de 6 meses, entonces él podría conseguir financiamiento para que pueda dedicarme a ello a tiempo completo.
Decidí aceptar el desafío y comencé a trabajar en la creación del sitio web y canal. Le sugerí a Gary que el primer libro sea Entrega Incondicional ya que coloca los fundamentos (quién es Dios, quién es el hombre, la importancia de la ley bíblica y una visión bíblica de la historia y el tiempo) y señala la relevancia y aplicación de estos fundamentos en la familia, la iglesia y el Estado. Además, termina con la visión del reino de Dios como misión para la iglesia. Si bien este libro ya estaba disponible en español, era provechoso revisarlo y añadir las guías de estudio complementarias. Gary estuvo de acuerdo y también mencionó para mi sorpresa que había un quinto capítulo correspondiente a la última edición del libro (2010) que no había sido traducido al español.
De esta manera, en palabras de Gary, "el ministerio proporcionará gratuitamente el material que tanto necesitan las iglesias que no tienen buenos maestros de escuela dominical para adultos". La idea era que el material generado pudiera ser utilizado por hermanos que quieran comenzar estudios bíblicos en sus hogares.
Por diversas razones y circunstancias, no pude realizar con éxito el desafío que me propuso Gary y solo llegué a generar material de estudio para los primeros 5 capítulos de Entrega Incondicional. Además, por un tiempo publiqué casi a diario mensajes breves sobre cosmovisión en las redes sociales de Libertad y Esperanza. Con el pasar de los meses, fui dedicando cada vez menos tiempo a este ministerio, debido a la superposición con otras responsabilidades.
Aún así, mantuve la página abierta y tuve el privilegio de traducir otros libros al español, solo que a un ritmo diferente. Más tarde, el trabajo en la página y redes se fue haciendo cada vez más lento. El proyecto y la iniciativa aún estaban pero los desafíos para continuar eran muchos.
Luego de más de 5 años desde que comenzó todo, he desarrollado la nueva página web (desde la cual usted está leyendo), y puede encontrar todos los libros y artículos de la página antigua en las secciones Blog y Recursos. Espero contribuir más frecuentemente a la misma traduciendo nuevos libros, artículos, escribiendo contenido propio y colaborando también con videos que puedan ayudar a los creyentes a pensar conforme a las Escrituras en todas las áreas de la vida.
La visión que enmarcó sus inicios sigue intacta, y la perspectiva cosmovisional del reino de Dios desde la cual escribo e intento contribuir también permanece. Aun así, creo que Dios ha obrado en mí y me está ayudando a ser más comprensivo a la luz del contexto latinoamericano que nos atraviesa, la falta de formación teológica y las dificultades socio-económicas y culturales de este continente. Por lo cual, creo que este marco de referencia distintivo no debe colisionar innecesariamente con la tradición ni verse entorpecido por un enfoque excesivamente crítico y poco empático. Por el contrario, quiero crecer en comunicar estas verdades, pero hacerlo también en un espíritu humilde y amable, como el que nos llama a tener el Señor al enseñar Sus verdades. "No salga de vuestra boca ninguna palabra mala, sino solo la que sea buena para edificación, según la necesidad del momento, para que imparta gracia a los que escuchan. (...) porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos" (Efesios 4:29; 2 Timoteo 2:24).
En línea con el párrafo anterior que añadí hace alrededor de un año (o quizás más, ya no lo recuerdo), quisiera sumar estás líneas a continuación con algunas actualizaciones más recientes. Si ha tenido la posibilidad de ver o leer los últimos artículos que he publicado y los compara a los primeros que he traducido o escrito, puede quizás notar un cambio de énfasis. Lo mismo si observa los libros que traduje al principio, comparado a los que traduje más adelante. De igual forma, si pone atención a los videos de YouTube o los audiolibros. Hay un "entibiamiento" de mi pluma y menor rispidez o acérrima crítica en aquellos recursos y autores que elijo promover y dar plataforma.
Esto no responde a un cambio de convicciones sino a lo que creo yo es un intento de mayor conciencia y madurez teológica y cristiana, que quiere distanciarse del estilo de algunos escritores más polémicos o tajantes, especialmente vinculados al Reconstruccionismo Cristiano. Nunca fue muy compatible con mi espíritu personal, y aun así, supo cavar hondo en mi corazón y forma de ser, y quisiera poder crecer en mi buen trato y tolerancia, virtudes que tan bien nuestro Señor ha encarnado en su ministerio terrenal.
Sin embargo, reitero, mis convicciones centrales no han cambiado. Creo en el reino de Dios, en la fe integral del pensamiento cristiano bíblico, en la necesidad de una ética escritural que valore la totalidad del consejo de Dios para toda la vida, incluyendo la vida civil, la política y la cultura. Creo también en la rica cosmovisión cristiana, que procura ver la vida a la luz de la creación, caída y redención de todas las cosas en Cristo.
Aun así, quiero crecer más en caridad y humildad, y saber escuchar la amplia riqueza de nuestra tradición cristiana histórica, que se remonta a los padres de la iglesia, pasando también por la amplia teología medieval, y los reformadores tempranos y tardíos. La tradición no es un o el problema, como quizás algunos pueden diagnosticar, sino como bien señala Carl Trueman, hay un gran valor en leer la Escritura junto a la Gran Tradición. Las Escrituras son supremas, pero es presuntuoso e ingenuo leerlas con pretensión de un marcado aislamiento histórico y percepción de excesiva novedad, como si todo lo que dijéramos es un "cortar" y "empezar de nuevo". Tales pretensiones son más propias de movimientos sectarios o elitistas. La humildad requiere examinarlo todo, y aprender a valorar y retener lo bueno.
Por tanto, he estado aprendiendo de católicos, anglicanos y luteranos. También he escuchado ortodoxos y, aun siendo presuposicionalista, me he beneficiado mucho de teólogos y filósofos más afines al pensamiento clásico y medieval. Creo que nuestro Señor nos enseña de muchas maneras y revela su luz aun en los lugares donde no pensamos encontrarla, incluso (y muchas veces) en escritores paganos. La autoridad suprema de la Biblia permanece, por supuesto. Pero ella no implica un corte de la amplia y variada tradición cristiana, ni tampoco una falta de diálogo y apertura para con la cultura circundante.
Dios es un Dios de Verdad, es el Dueño de Toda Verdad, y es el Señor de la Omniperspectiva. Él ve las cosas desde todos los ángulos, y al reconocer nuestras limitaciones, e incorporar la mirada de otros, enriquecemos nuestra finita mirada de la realidad.
Hay ciertos tonos o "maneras de decir" que me avergüenzan, que yo mismo he utilizado y que caracterizan a creyentes que me han influenciado, ¿por qué no borrar sus escritos del blog o los libros traducidos? Creo que no sería fiel a la verdad histórica si hiciera tal cosa, porque su influencia en mí fue y es real, aún si hay énfasis o maneras que hoy no comparto. También hay mucha verdad en sus afirmaciones, y poderosas declaraciones en sus polémicas. No quiero tampoco cometer el error de muchos de sus críticos (pasados y presente), que en lugar de apreciar y tomar mucho de lo bueno (como sí lo han sabido hacer John Frame y Vern Poythress, por ejemplo), los han tomado de blanco para críticas a veces también faltas de caridad y espíritu de unidad. Además, quiero también dar gloria a Dios que me ha enseñado a través de ellos, e invito a otros a leer tales autores de primera mano. El aislacionismo y la falta de diálogo entre autores cristianos diversos es también un problema de nuestros tiempos.
Aun así, no quiero negar el carácter distintivo de una tradición amplia y diversa de la que me enorgullezco enormemente: la tradición primeramente cristiana, y luego reformada.
¿Qué sería de mi cosmovisión sin la Bendita Trinidad o la Gloriosa Encarnación que junto a miles de hermanos confieso? No estoy solo, y es un consuelo, el consuelo de la iglesia universal, de la fe que han confesado aun hasta las últimas consecuencias tantos hombres y mujeres de fe a lo largo de la historia.
Pero también gloria a Dios por el bendito calvinismo de la Tradición Reformada, con esos énfasis en la soberanía, gloria y gracia de Dios. ¡Que consuelo y gozo en sus doctrinas!
Y una de las cosas que he apreciado y notado más últimamente acerca de esta bella tradición (aun a pesar de las diferencias entre sus diferentes escuelas y movimientos) es su antirreduccionismo. Dios es infinito, y a pesar de la finitud de la creación, Él la ha hecho hermosa, diversa, compleja, y muy extensa. El conocimiento humano también lo es, y no hay nada más bello que reconocer la amplitud y extensión de las riquezas de conocer todas las cosas en Dios, y a Dios en todas las cosas, quien mantiene unida toda la realidad por medio de Jesucristo.